La convivencia entre los espacios recreativos y el descanso de los vecinos vuelve a estar en el centro de la discusión en el barrio de Saavedra. En los últimos días, la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra volvió a visibilizar una serie de reclamos relacionados con los ruidos que se generan en sectores concesionados del Parque Sarmiento, especialmente durante la noche y fuera del horario habitual de cierre del predio.
Según denunciaron desde la entidad vecinal, las actividades desarrolladas en un espacio privado ubicado dentro del parque, frente a la calle Andonaegui, se extenderían de manera frecuente más allá de las 20 horas, horario establecido para el cierre del tradicional pulmón verde de la Comuna 12.
Las quejas se multiplicaron luego de la difusión de imágenes registradas cerca de las 22.20 horas, donde se observan actividades que, según los vecinos, generan gritos, bombos, silbatos, bocinas y otros ruidos que afectan la tranquilidad de quienes viven en las inmediaciones.
Un reclamo que suma cada vez más voces
Desde la Asociación Vecinal Barrio Cornelio Saavedra sostienen que la problemática no se limita a hechos aislados, sino que se repite de lunes a lunes y en algunos casos se prolonga hasta pasada la medianoche.
Los vecinos aseguran que la situación impacta directamente en la calidad de vida de las familias de la zona, especialmente de adultos mayores, personas que trabajan al día siguiente, niños y también de las mascotas que suelen verse afectadas por los ruidos intensos.
A su vez, remarcan que el Parque Sarmiento es uno de los espacios verdes más importantes de la Ciudad de Buenos Aires y que debería preservarse como un lugar de recreación, deporte y contacto con la naturaleza, respetando las normas vigentes y el descanso de la comunidad.
Pedido de controles y cumplimiento de las normas
Entre los principales reclamos aparece la exigencia de mayores controles por parte de las autoridades y el cumplimiento efectivo de las regulaciones relacionadas con horarios y niveles de ruido.
Los vecinos también cuestionan aspectos vinculados al funcionamiento de algunas concesiones privadas dentro del predio y reclaman mayor transparencia respecto de los servicios utilizados y las condiciones bajo las cuales se desarrollan determinadas actividades.
Un debate que vuelve a instalarse en la Comuna 12
La discusión sobre el uso de los espacios públicos y las concesiones dentro de parques porteños no es nueva. Sin embargo, el reclamo surgido en Saavedra vuelve a poner sobre la mesa el equilibrio que debe existir entre las actividades recreativas, los emprendimientos privados y el derecho al descanso de quienes viven en los alrededores.
Mientras los vecinos continúan difundiendo imágenes y testimonios para visibilizar la problemática, esperan respuestas concretas que permitan recuperar la tranquilidad en uno de los espacios verdes más emblemáticos de la zona norte de la Ciudad.
La esquina de Deheza y Melián, en el barrio de Saavedra, fue escenario de un accidente que podría haber tenido consecuencias todavía más graves. El actor Fabián Gianola fue atropellado por un automóvil cuando estaba terminando de cruzar la calle por la senda peatonal, a pocos metros del shopping DOT Baires. Si bien se encuentra fuera de peligro y en recuperación, el episodio dejó una lesión importante y un llamado de atención para quienes circulan diariamente por las calles de nuestros barrios.
Según relató el propio actor, el vehículo, un Audi que transitaba por Melián, dobló hacia Deheza y lo embistió sin que el conductor advirtiera su presencia. La secuencia quedó registrada por cámaras de seguridad de la zona y volvió a poner en discusión una situación que preocupa a muchos vecinos: los riesgos que aparecen cuando quienes manejan no prestan la atención necesaria al entorno.
Una fractura y una operación tras el choque en Saavedra
El impacto le provocó a Gianola una fractura expuesta de radio y una lesión ligamentaria en la muñeca derecha, además de otros traumatismos. Afortunadamente, no sufrió golpes en la cabeza. El actor fue intervenido quirúrgicamente en el Sanatorio de la Trinidad de San Isidro, donde le colocaron una placa y tornillos para estabilizar el hueso afectado.
Durante su relato, explicó que intentó protegerse la cabeza al caer y que esa reacción pudo haber contribuido a las lesiones en el brazo. También contó que el conductor se detuvo, llamó al 911 y permaneció en el lugar. Según el testimonio que brindó posteriormente, un policía le comentó que el automovilista había reconocido que no estaba atento porque estaba poniendo música o realizando alguna acción similar.
El proceso de recuperación requerirá inmovilización y rehabilitación, aunque el actor decidió continuar con sus compromisos teatrales adaptando su actuación a las limitaciones físicas.
Un llamado de atención para conductores y peatones
El caso tomó trascendencia por tratarse de una figura conocida, pero los accidentes de tránsito forman parte de una preocupación cotidiana para quienes caminan, conducen o utilizan otros medios de transporte en los barrios porteños.
En Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Saavedra y Coghlan, como en tantos otros sectores de la Ciudad, cada cruce exige atención. Respetar la prioridad peatonal, reducir la velocidad al doblar, evitar el uso del celular y mirar antes de avanzar son conductas fundamentales para prevenir situaciones peligrosas.
También los peatones deben mantenerse atentos al tránsito, incluso cuando cruzan por los lugares habilitados y tienen prioridad. Esa precaución no traslada la responsabilidad del conductor, pero puede ayudar a anticipar riesgos.
Un libro que ya recorrió una casa, acompañó la infancia de un chico o quedó guardado en una biblioteca puede iniciar una nueva aventura en manos de otro lector. Con esa idea como motor, la Asociación Vecinal y Biblioteca Popular Cornelio Saavedra de la avenida García del Río 2737, puso en marcha una campaña solidaria de donación de libros infantiles para acercar nuevas historias a chicos de Monte Quemado, en la provincia de Santiago del Estero.
La convocatoriaestá abierta a los vecinos que pueden sumarse revisando las bibliotecas familiares y acercando aquellos ejemplares que estén en buenas condiciones y puedan seguir siendo disfrutados por otros chicos.
El material reunido será entregado al equipo de la profesora Ramona Luna, que lleva adelante distintas propuestas para promover la lectura en esa localidad santiagueña. De esta manera, los libros que hoy están en desuso en algunos hogares podrán encontrar nuevos lectores y convertirse en herramientas para aprender, imaginar y descubrir otros mundos.
Dónde y cuándo donar libros infantiles en Saavedra
Quienes quieran colaborar pueden acercar sus ejemplares a la administración de la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, de lunes a sábados, entre las 15 y las 19 horas. La recepción continuará hasta la primera semana de noviembre, por lo que todavía hay tiempo para participar.
La propuesta invita a realizar un gesto sencillo: elegir cuentos, relatos y otros libros infantiles que estén en buen estado y darles una segunda oportunidad. No se trata solamente de liberar espacio en los estantes, sino de contribuir a que más chicos tengan acceso a materiales de lectura.
Historias que ayudan a crecer
Los libros infantiles cumplen un papel importante durante los primeros años de vida. A través de los cuentos, los chicos incorporan palabras, desarrollan la imaginación, ejercitan la atención y encuentran nuevas formas de expresar lo que sienten.
La lectura compartida, además, puede generar momentos de cercanía entre adultos y niños, despertar preguntas y abrir conversaciones sobre situaciones, personajes y emociones. Cada historia ofrece una oportunidad para aprender y mirar el mundo desde otra perspectiva.
Por eso, esta campaña trasciende la donación de objetos: busca acompañar el trabajo de quienes acercan la literatura a las infancias y generar nuevas oportunidades para disfrutar de la lectura.
Desde la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, la invitación es a participar con los libros que puedan continuar su recorrido. Un cuento guardado puede convertirse en la próxima historia favorita de otro chico, a cientos de kilómetros de distancia.
Los vecinos de Quesada al 5900, en Villa Urquiza, volvieron a hacer visible un problema que, según denuncian, lleva meses alterando la tranquilidad de la cuadra. Las protestas por el funcionamiento de un centro de acopio y distribución de una plataforma de delivery llegaron a la pantalla de C5N, que envió un móvil al barrio para mostrar de cerca una situación que aseguran padecer prácticamente durante todo el día.
El reclamo tiene un punto central: el movimiento permanente que genera la actividad comercial en una zona residencial. De acuerdo con los testimonios recogidos en el barrio, la actividad puede comenzar alrededor de las 6 de la mañana con la llegada de camiones para abastecer el local y extenderse hasta cerca de las 2 de la madrugada.
Motores encendidos durante largos períodos, maniobras de carga y descarga, camiones que esperan en la zona y el movimiento constante de motos y bicicletas forman parte de una escena que, para quienes viven allí, hizo que descansar, trabajar desde sus casas o simplemente abrir una ventana se volviera mucho más difícil.
Una cuadra tomada por motos y bicicletas
Otro de los reclamos apunta al uso del espacio público. Los vecinos aseguran que las motos y bicicletas de los repartidores ocupan veredas, dificultan el ingreso a cocheras y generan situaciones de riesgo al circular por lugares donde no corresponde.
El problema se habría agravado en jornadas de alta demanda, cuando la cantidad de repartidores llegó a generar una concentración muy importante de vehículos alrededor del establecimiento.
Para quienes viven allí, no se trata solamente de una cuestión de ruido. También aparece la preocupación por peatones, chicos, personas mayores y vecinos que necesitan utilizar normalmente las vereda
Los repartidores tampoco deberían pagar el costo
En medio de la discusión hay un punto que los vecinos remarcan: el trabajador que está arriba de la moto tampoco debería quedar expuesto.
Los repartidores esperan en la calle porque, según denuncian, la operatoria no les ofrece espacios suficientes dentro del establecimiento para estacionar, descansar o utilizar sanitarios. De esta manera, la actividad de la empresa termina trasladando parte de sus necesidades logísticas a la vía pública.
Y allí aparece la discusión de fondo. Los vecinos no cuestionan que haya personas trabajando ni pretenden que los repartidores pierdan su fuente de ingresos. Lo que reclaman es que las empresas que obtienen ganancias con este modelo de negocio se hagan cargo de la infraestructura necesaria para funcionar sin alterar la vida de quienes viven alrededor.
Villa Urquiza pide una solución y no parches
Para los habitantes de Quesada al 5900, pedir simplemente que se haga menos ruido o enviar ocasionalmente un móvil policial no alcanza. La solución, sostienen, debería pasar por controlar horarios, carga y descarga, estacionamiento, circulación y condiciones de trabajo, además de exigir que la operatoria se realice dentro del espacio privado destinado para ese fin.
El caso de Villa Urquiza tampoco sería aislado. Reclamos similares fueron señalados en otros barrios porteños donde este tipo de centros de distribución comenzaron a instalarse cerca de viviendas.
La llegada de los móviles de C5N permitió que una problemática que los vecinos vienen denunciando saliera de la cuadra y pudiera ser conocida por toda la Ciudad. Ahora el pedido es que el reclamo no quede solamente en una nota televisiva y que quienes tienen responsabilidad sobre estos establecimientos encuentren una solución que permita trabajar, pero también vivir en paz en el propio barrio.