El pasado lunes 17 de noviembre, los vecinos de Coghlan se encontraron con una sorpresa inesperada: el puente peatonal de la estación, una estructura centenaria que forma parte del paisaje histórico del barrio, amaneció completamente cerrado al paso, sin previo aviso ni información oficial clara. La situación generó malestar, incertidumbre y una inmediata reacción comunitaria en defensa de este símbolo barrial.
La estructura, que data de inicios de 1900 y está protegida bajo la categoría APH (Área de Protección Histórica), es uno de los elementos más valorados de la estación de tren, tanto por su valor patrimonial como por su función cotidiana, ya que permite cruzar de un lado a otro del barrio sin tener que rodear varias cuadras.
Según pudo saberse, el organismo que intervino fue la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), que habría dispuesto el cierre para que un ingeniero verifique el estado y la seguridad del puente. Sin embargo, el faltazo de comunicación previa despertó una fuerte reacción entre los vecinos, quienes consideran inaceptable que una obra de tal impacto se realice sin informar a la comunidad.
Muchos habitantes expresaron que se enteraron al llegar a la estación y encontrar los accesos bloqueados, situación que obligó a quienes utilizan el puente a caminar dos o más cuadras adicionales para cruzar al otro lado del barrio. La ausencia de alternativas y la falta de señalización clara agravaron el malestar.
Una pieza patrimonial bajo máxima protección
El puente peatonal de la estación Coghlan no es una estructura cualquiera. Por su valor histórico y arquitectónico, se encuentra amparado por normativas de protección patrimonial que exigen que cualquier intervención —ya sea mantenimiento o reparación— cuente con la participación y supervisión de la Comisión Nacional de Monumentos.
Los vecinos de Coghlan saben bien que esta protección implica que el puente no puede modificarse, y sólo pueden realizarse trabajos destinados a conservar su estructura original y garantizar su seguridad. Por eso, el cierre sin aviso hizo crecer el temor a posibles cambios que alteren la fisonomía del puente, su estética tradicional o su identidad como espacio histórico del barrio.
Los vecinos reconocen que es fundamental asegurar el buen estado del puente, especialmente por su antigüedad y su uso cotidiano. Nadie se opone a que se realicen controles, reforzamientos o arreglos estructurales que garanticen un tránsito seguro.
Sin embargo, el punto central de la preocupación no es la obra en sí, sino el modo en que fue iniciada: de manera repentina, sin aviso, sin cartelería, sin alternativas y sin una comunicación institucional transparente.
Para los vecinos, esta forma de proceder evidencia una falta de respeto por el vínculo emocional y patrimonial que el barrio tiene con su estación, considerada por muchos como una de las más pintorescas y valiosas de la Ciudad.
Para cualquiera que camine las calles de Saavedra, Villa Urquiza, Coghlan o Villa Pueyrredón, el Hospital Pirovano es como un vecino más. Todos los que vivimos en la Comuna 12 tuvimos que pasar alguna vez por sus pasillos, ya sea por una urgencia o para acompañar a un familiar.
Por eso, cuando se mueve un ladrillo en el edificio de Monroe 3555, la noticia corre rápido por el barrio. El Gobierno de la Ciudad le está metiendo mano a fondo con un plan de infraestructura que combina sectores ya listos con otros que se están levantando desde cero.
Desde el Ministerio de Salud porteño explicaron que la meta es clara: ampliar la capacidad de atención, sumar espacio para las urgencias bravas, ordenar la alta complejidad y que tanto los pacientes como los médicos y enfermeros laburen en mejores condiciones.
Una Guardia renovada y más espacio para internación
La gran novedad que ya disfrutan los vecinos es la renovación total de la Guardia, que ahora cuenta con más de 320 metros cuadrados cubiertos. El lugar sumó un Shockroom moderno, ocho camas de observación, cuatro puestos para casos críticos y hasta una sala de aislamiento individual.
Para mejorar la atención diaria, se armaron ocho consultorios de atención espontánea, salas de yeso, boxes de infusión y un sector especial para que los médicos informen a las familias sin el ruido de la sala de espera. Además, el viejo sector de Pediatría se transformó por completo para mudar allí el área de Cirugía Mujeres, con pisos, pintura y cañerías a nuevo.
El futuro centro quirúrgico y la atención oncológica
El plato fuerte de los trabajos en ejecución es el nuevo Centro Quirúrgico. Este bloque gigante de más de 2.000 metros cuadrados va a concentrar nueve quirófanos de última generación, un sector de recuperación postquirúrgica con ocho camas, farmacia propia y salas de monitoreo.
En ese mismo espacio se va a reorganizar el Hospital de Día Oncológico, dándole a los pacientes bajo tratamiento un lugar más cómodo, con circuitos técnicos separados, salas de espera propias y un área exclusiva para la preparación de la medicación.
El nuevo edificio de la calle Melián
La obra que promete cambiar la dinámica del barrio es el nuevo edificio sobre la calle Melián, pensado exclusivamente para las consultas externas. La idea es clave: separar a los pacientes programados de las urgencias.
Esta nueva estructura tendrá 94 consultorios externos, una Guardia Pediátrica que funcionará de forma independiente, áreas de Diagnóstico por Imágenes, Farmacia, Vacunatorio y un centro de extracción de sangre.
Para los vecinos de la zona, ver que el Pirovano crece es un alivio gigante. No es solo cemento y pintura; es saber que el hospital público de nuestro rincón de la ciudad se prepara para cuidarnos mejor.
Una buena noticia para la comunidad educativa de Coghlan llegó de la mano de Cooperar en Comunidad 2026. El Jardín de Infantes Integral N.º 2 DE 15 Juan M. Coghlan de la calle Tronador 2861, fue seleccionado como el proyecto destacado de la Comuna 12, entre cientos de propuestas presentadas por escuelas de toda la Ciudad.
La iniciativa elegida se llama “Ecosistema lúdico de patios vivos” y propone transformar los patios escolares en espacios naturales y sensoriales donde los chicos puedan jugar libremente, moverse y disfrutar de propuestas alejadas de las pantallas.
El reconocimiento tiene un valor especial para el barrio porque detrás del proyecto existe un trabajo conjunto entre la comunidad educativa, los equipos de conducción y las cooperadoras escolares. Justamente, ese es uno de los objetivos centrales de Cooperar en Comunidad: acompañar iniciativas pensadas desde las propias escuelas para responder a las necesidades de cada comunidad.
Una propuesta para jugar, moverse y descubrir
La edición 2026 del programa recibió más de 480 proyectos de establecimientos educativos porteños. De ese total, 86 fueron seleccionados y 15 quedaron como proyectos destacados, uno por cada comuna.
La convocatoria estuvo atravesada por una temática muy actual: la protección digital infantil y adolescente. En ese contexto, la propuesta de Coghlan apunta a generar alternativas concretas para que los más chicos puedan recuperar espacios de juego, movimiento y contacto con la naturaleza.
Los patios vivos buscan convertirse en lugares donde la exploración, los sentidos y el juego libre tengan protagonismo. Una idea sencilla, pero muy importante en tiempos en los que las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida cotidiana de chicos y chicas.
Un proyecto que nace desde la escuela y llega al barrio
El jardín de Coghlan recibirá recursos y acompañamiento para poder llevar adelante la iniciativa. De esta manera, una idea construida desde la propia comunidad educativa podrá transformarse en una realidad concreta.
Para los vecinos de la Comuna 12, el reconocimiento también representa una muestra de lo que puede lograrse cuando familias, docentes, cooperadoras y escuelas trabajan juntos.
En Coghlan, esta vez, la apuesta es clara: menos pantallas, más movimiento, naturaleza y juego para los más chicos.
En el barrio de Coghlan, uno de los barrios de la Comuna 12 que todavía conserva buena parte de su identidad de casas bajas y calles tranquilas, el Palacio Roccatagliata vuelve a quedar en el centro de las miradas. El histórico edificio de la esquina de avenida Balbín y Roosevelt atraviesa una nueva etapa de su desarrollo inmobiliario, rodeado por imponentes torres que generan opiniones encontradas entre los vecinos.
La postal es particular: de aquella enorme propiedad que supo destacarse por su arquitectura y sus jardines, hoy permanece como principal testimonio histórico la casona original restaurada, mientras a su alrededor se levantan construcciones modernas de gran altura.
Para muchos vecinos, la preservación de la fachada y del edificio histórico fue posible gracias a una larga movilización barrial y judicial que durante años buscó evitar que el patrimonio desapareciera por completo. Sin embargo, el resultado final todavía genera preocupación por el impacto que las torres tienen sobre el paisaje urbano y la identidad de Coghlan.
De una casona histórica a un complejo de lujo
El Palacio Roccatagliata tiene sus raíces a comienzos del siglo XX y fue construido por la familia Roccatagliata. Con el paso de las décadas, la propiedad sufrió abandono y transformaciones hasta convertirse en escenario de una de las discusiones urbanísticas más recordadas de la zona.
El proyecto inmobiliario quedó durante años trabado por reclamos vecinales y judiciales. Finalmente, las obras pudieron continuar bajo condiciones vinculadas con la preservación del inmueble histórico.
Hoy el complejo combina esa arquitectura patrimonial con departamentos de alta gama. El desarrollo está integrado por un bloque denominado Palace, de 12 pisos, y una torre Sky View, de 27 pisos, con unidades que se comercializan en distintos segmentos del mercado inmobiliario.
El debate que sigue abierto en Coghlan
Más allá de los valores millonarios de las propiedades, para muchos habitantes del barrio la discusión pasa por otro lado: qué ciudad se quiere construir y cuánto patrimonio se está dispuesto a resignar en el camino.
La preocupación vecinal apunta especialmente al contraste entre la antigua casona y las nuevas torres, que modificaron de manera profunda la tradicional imagen residencial de la zona.
El Palacio Roccatagliata logró sobrevivir, en buena medida, gracias a quienes durante años defendieron su conservación. Pero para muchos vecinos queda una sensación agridulce: se salvó el edificio histórico, aunque el entorno que lo acompañaba ya nunca volverá a ser el mismo.
En Coghlan, el debate por el patrimonio, las torres y la identidad barrial sigue más vigente que nunca.